¿Cómo afecta el alcohol en el rendimiento deportivo?

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Las bebidas alcohólicas son una de las bebidas más consumidas en fiestas y celebraciones en nuestra sociedad. Ya sea en cantidades bajas de alcohol como la cerveza o en cantidades altas como el whisky, el alcohol interfiere negativamente en nuestro rendimiento deportivo y en nuestro día a día.

 

En este artículo analizaremos a través de qué vías, un consumo ocasional de bebidas alcohólicas, puede influenciar en el deporte alejándonos de nuestros objetivos deportivos.

 
 

Alcohol, fuente de calorías vacías:

 
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Sin lugar duda, para lograr alcanzar nuestro objetivo deportivo, sea cual sea, es necesario encontrarnos en un peso óptimo para hacerlo. No es lo mismo tratar de finalizar una media maratón con un peso corporal que 70 kg, que hacerlo con uno de 100 kg.

 

Las bebidas alcohólicas, son bebidas con altas cantidades de calorías ya que, además de las calorías presentes en los azúcares que contienen, también hay que sumarle las calorías del alcohol en sí.

 

Cada gramo de alcohol puro nos aporta aproximadamente 7 kcal. Es por eso que a mayor concentración alcohólica, más calorías por cada 100 ml de bebida. A las calorías procedentes del alcohol, se les considera calorías vacías, ya que más allá del contenido energético total, no nos aportan ningún nutriente de calidad.

 

Información:
Un consumo frecuente de bebidas alcohólicas puede provocar un aumento de peso en forma de grasa y una posible disminución del rendimiento deportivo.
 

Alcohol y sistema hormonal:

 
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El alcohol afecta de forma directa a tres de las hormonas más importantes vinculadas al deporte, la hormona del crecimiento, la testosterona y la insulina.

 

Disminuye hasta un 70% la segregación de hormona de crecimiento lo que provoca una disminución de la capacidad recuperadora de nuestro organismo después del entrenamiento, afectando por tanto, la síntesis proteica y la ganancia de fuerza o músculo.

 

De igual forma, durante el proceso de metabolización en el hígado, el alcohol provoca una serie de sustancias que interfieren en la síntesis de la testosterona, provocando una disminución en sangre y disminuyendo así la eficiencia en el deporte.

 

Por último, un consumo excesivo de alcohol reduce la eficacia general de la insulina, provocando niveles de azúcar en sangre más altos lo que altera todo el proceso de metabolización de los carbohidratos ingeridos en la dieta.

 
 

Alcohol y recuperación muscular:

 
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Como no podía ser de otra forma, al disminuir el sistema hormonal, el alcohol afecta de forma muy negativa a la recuperación muscular después del entrenamiento, pudiendo alargar el tiempo de recuperación o impidiendo su total recuperación.

 

Cuando consumimos bebidas alcohólicas después de un entrenamiento, se frenan los procesos de reconstrucción de las fibras musculares y por lo tanto se frena la respuesta al entrenamiento pudiendo dar lugar a las DOMS (dolor muscular de inicio retardado) o más conocidas como agujetas.

 
 

Alcohol y pérdida de peso:

 

Como hemos visto anteriormente, las bebidas alcohólicas influyen negativamente en la pérdida de peso ya contienen muchas calorías. Además, una vez se metaboliza el alcohol en el hígado, se produce acetato, una sustancia que se utilizará como sustrato energético para nuestro organismo disminuyendo así la oxidación lipídica y la quema de grasas.

 
 

Alcohol y metabolismo:

 
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Mientras el hígado está metabolizando el alcohol para transformarlo en acetato y así conseguir eliminarlo, se reduce drásticamente el metabolismo de las vitaminas y los minerales. Esta reducción viene originada por una menor absorción de estos nutrientes, de hasta un 40%.

 
 

Alcohol y hidratación celular:

 

El alcohol actúa como un potente diurético reduciendo en exceso la hidratación celular, pudiendo llegar a causar una deshidratación. Cuando nuestro organismo se encuentra deshidratado, tanto las actividades físicas del día a día, como el rendimiento intelectual o el rendimiento deportivo se ven negativamente afectados.

 

En cuanto al rendimiento deportivo, una deshidratación aumenta la sensación de fatiga ya que hay una disminución de la resistencia al ejercicio. Además, frecuentemente aparecen calambres y mareos que impiden seguir con la actividad física. También provoca una disminución de la fuerza muscular y de la obtención de energía aeróbica por el músculo.

 
 

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