Cuando no te quede cabeza, tira de corazón

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El día comenzaba a las 4:30 de la mañana. Después de dormir 6 horas y 1/2 bastante bien, podía estar contento con el descanso. Desayuno normal porque no apetece arroz recién levantado, y rumbo a Calella para llegar y aparcar sobre las 6:15.

 
Nos acercamos al “Bike Park” para rellenar las bolsas con el material necesario, y, ahora sí, intento darle al cuerpo un poco de hidratos para coger energía. Poco a poco y en diferentes tandas, va llegando mi equipo que estará apoyándome durante Dios sabe cuánto tiempo.
 
Se va acercando el momento de la salida, así que toca ponerse neopreno y prepararse en la línea de salida. Este año decidieron separar por grupos por tiempo estimado de natación, según la organización para evitar tema de “Drafting” (cosa que luego se verían grandes grupos a rueda…así que no sirvió de nada). Salida de los PRO masculinos a las 8:30, salida de PRO femeninas a las 8:35 y salida de los demás a las 8:45. Yo salí sobre las 8:53 con la cola que había formada.

 
 

Natación

 
Después de pasar nervios, entramos por fin en el agua y cogemos ritmo cómodo como el año pasado en Mallorca. Poco a poco vamos haciendo, sin meterme en líos con los demás y sin esforzarme demasiado para no gastar mucha energía.
Pasamos la boya de los 500m, perfecto, fresco y seguimos. Pasamos los 1000, todo va igual de bien. Pasamos los 1500 y todavía no he cogido el giro de vuelta a meta, se hace largo pero la verdad es que fue una natación muy limpia y poco sufrida. Llegamos a la 2000 y giramos hasta los 3500 aproximadamente, donde ya nadaríamos hasta la meta de natación. Pataleo un poco fuerte los últimos metros por aquello de meter sangre a las piernas antes de salir del agua, y salimos con un tiempo parecido al del año pasado, 1h 10min.

 

T1

 
Encaro la transición con calma, sin agobios y recodando todo lo que tengo que coger. 5 minutos 50 segundos después, ya estoy encima de la bici.

 
 

Bicicleta

 
Empieza mi peor sector, no termino de cogerle el gusto a la bici. Salimos de Calella por la NII, por delante dos vueltas y media a un circuito de Calella – Mongat – Calella – Mongat – Calella – Sant Andreu de Llavaneres – Calella, con un total de 180kms.
 
La ida de la primera vuelta no hay mucho que destacar, ritmo constante, no hay viento, el circuito me lo sé de memoria, así que pedalada a pedalada vamos haciendo. Sólo destacar un porrazo que se pegó uno dónde paré un momento a ayudarle (probablemente abandonó). La ida me sale a un ritmo medio de 30,22km/h, sé que es un ritmo bueno, pero también sé que debería bajarlo si quiero aguantar. Aun así, encaro la vuelta a un ritmo de 29,17km/h y llego a la rotonda donde encararía la segunda vuelta.
 
Allí plantado, veo a todo el equipazo que me acompañaba y me da un empujón increíble que no sabía cuánto me iba a durar. Hasta que me acerco al km 90, donde me siento algo cansado, estoy harto de beber isotónico y de comer geles o barritas, y empiezo a dejar la alimentación un poco de lado.
 
Sigo avanzando, y se levanta un viento en contra que me desmotiva un poco, aunque pienso que a la vuelta será a favor. Llego al km 111 algo tocado, donde la ida de la segunda vuelta me sale a 26,89km/h, aunque sé que el viento ha influenciado en esa marca.
 
Comienzo la vuelta de la segunda, y aquí empiezan los problemas. La alimentación que dejé medio de lado a la ida me empieza a pasar factura. Por el Masnou, estoy acoplado en la bici, mirando al suelo, con la brisa del mar sonando de fondo, y el ruido del pedaleo constante, y me entra sueño, muchísimo sueño. Me asusto un poco, porque no entiendo qué tipo de sueño es, si es el cansancio, o si es un síntoma de la famosa pájara que a veces nos da. Posteriormente sabría qué era lo segundo.
 
Lucho para no cerrar los ojos, sigo pedaleando, por suerte con viento ligeramente a favor. Paro en los avituallamientos, me tiro agua por la cabeza para despejar la mente y limpiarme el sudor de la cara. Intento alimentarme con algo, pero no me entra nada. Voy por el 144, antes de llegar otra vez a la rotonda, y en este momento me entran ganas de vomitar. Me fuerzo a comer algo, ni que sea un poco de gel, con bastante agua para digerirlo mejor, y sigo.
 
Paso por la rotonda, y otra vez siento el calor de los míos, aunque esta vez no estoy para sacar una sonrisa. Aun así, marco una vuelta de 28,18km/h. Encaro la última vuelta, muy muy tocado. Mi cadencia de pedaleo es pésima, y encima tengo el viento en contra. Estoy mareado, no me encuentro bien, paso por el km 150 y creo que por primera vez desde que hago deporte, siento unas ganas de abandonar increíbles. Me paro en el avituallamiento, mareado, como si estuviera borracho, me tambaleo un poco. Me siento a reposar y uno del avituallamiento me anima un poco.
 
Intento meter ni que sea un trozo de plátano al cuerpo. Llevo varios kilómetros sin comer nada, y me entran unas ganas tremendas de pillar un bocadillo o algo. Le pregunto a uno del avituallamiento si me da un poco del suyo, pero obviamente, no pueden ayudarte, porque tendrían que hacerlo con todos los participantes.
 
Me subo a la bici y tiro un poco más; la llegada a Sant Andreu de Llavaneres se me está haciendo eterna. Poco a poco, acabo llegando por fin y doy la vuelta para acabar el sector de la bici. Por el km 165 lo tengo decididísimo, ABANDONO, no puedo más. Mi pensamiento era que empezar una maratón tal y como estaba, no podía conducirme a ningún sitio, sólo a sufrir para acabar abandonando la carrera. Paro en el último avituallamiento, me siento observado por un voluntario que me mira con preocupación, no sé cómo estaría yo, pero seguramente sería para preocuparse.
 
Con el pensamiento de “acabo la bici y se acabó!”. Llego a Calella y allí veo a mi hermano nada más bajarme de la bici que me pregunta que cómo estoy y entre lágrimas le digo que abandono. Me intenta convencer de seguir un poco más, me dice que me va a acompañar en la maratón. Marco un registro de 6h 33 minutos en el sector de la bici a 27,43 de media.

 

T2

 

Aun no viéndolo claro, entro en boxes y me calzo las zapatillas. Estiro un poco las piernas me siento, lloro, y después de casi 2 minutos salgo.

 
 

Carrera

 
Empiezo las primeras zancadas y veo a mi equipo de fondo, con cara de preocupación pero animando a tope. Supongo que mi hermano ha informado de cómo iba, y supongo que mi cara lo decía todo. Me empiezo a sentir ligeramente mejor que antes, mi estómago parece que da tregua, y ya no tengo ganas de vomitar. Mi hermano me va hablando y repitiéndome que la mente nos traiciona, que intente dar unos pasos a ver qué pasa.
 
Transcurriendo por el mejor sector de carrera, con un montón de gente animando, llego al primer avituallamiento, llevo unos 500m de la maratón, pero necesito reponer, ya que llevo horas sin comer nada. Por fin algo que me apetece, unos frutos secos. Cojo agua también y avanzo.
 
Después de un par de kilómetros, creo que me estoy recuperando, voy a un ritmo mejor de lo esperado y, además, lo mantengo un buen rato sin mucha dificultad. Paso otra vez por donde estaba el equipo y me paro para despreocuparlos, me siento mejor (¡incluso bien!) y se lo hago saber.
 
La primera vuelta fue realmente buena, fácil y “rápida” dentro de lo que cabe en un Ironman. La verdad es que la compañía de mi hermano fue esencial para seguir. Llego a la posición del equipo y no estaban, aunque no salta ninguna alarma, habrán ido a comer que también tienen derecho. A la vuelta, sí que los veo, aunque ellos no se esperaban que viniera por ese lado. Veo las caras de sorpresa, de lo bien que me ven, me gritan, veo caras de alegría, me sacan una sonrisa y sigo. Voy por el km 12 y sigo bastante bien.
 
Voy parando en los avituallamientos para reponerme un poco, porque lo que está claro es que estaba cansadísimo ya. A partir del 17 me empieza a costar un poco más. El cansancio va haciendo acto de presencia. Me voy parando un poco a caminar aunque por mi mente ya no pasa la posibilidad de abandono. Después de unas 10 horas y media no iba a tirar el trabajo hecho, ni que sea caminando lo acabaría.
 
Completo la segunda vuelta y la tercera ya iba a ser poquito a poquito. Cada vez que paso por donde está el equipo, se inventan un cántico diferente que consiguen sacarme una sonrisa y tirar de donde no queda.
 
En este punto, recuerdo las palabras que me dijo un hombre mientras estaba en la bici, mareado y con una cara que le debió parecer agónica: “Cuando no te quede cabeza, tira de corazón. No vas a fallar a nadie, ni a ti mismo. ¡Hoy vas a cruzar esa puta meta!”.
 
Siguiendo con la tercera vuelta, vamos consumiendo los kilómetros. Ahora tengo un poco de frío, pero tengo que aguantarme porque todos estamos en la misma situación. Podría haberme puesto una chaqueta pero prefería ser legal en ese sentido.
 
Llegamos donde el equipo y ya encaro los últimos 8 kilómetros a solas, ya que mi hermano iría a meta a esperarme. Costó mucho esta última, mi pierna me daba avisos de que no podía más. Llevaba unos kilómetros sintiendo una especie de rampa en un tendón o músculo conectado al tobillo, algo que nunca me había pasado. Entre caminando y corriendo, sabía que tarde o temprano llegaría a meta así que era cuestión de tiempo.
 
Me quedan 2 kilómetros, paso por el último avituallamiento, pero ya no me detengo, no quiero nada más, sólo quiero acabar. Último kilómetro, probablemente el más rápido de todos, para llegar a meta y convertirme por segunda vez en Ironman, con un tiempo de 13 horas 57 segundos, reduciendo en 1 hora 5 segundos el tiempo del año pasado.

 
 
Esta vez costó un poco más, más psicológica que físicamente. Fue una lucha constante con mi cabeza. La cabeza es muy traicionera, ya lo decía mi hermano, guíate por el corazón y conseguirás todo lo que te propongas.

 
 

Gracias de nuevo equipo: Jessica, Rubén, Carlos, Pepi, Miguel, Elisabet, Dario, Conxita, Xavier, Lau.

 
 

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SOBRE EL AUTOR

Daniel Bernabé Perez

Daniel Bernabé PerezSoy Daniel Bernabé Pérez, tengo 23 años y soy estudiante universitario. Dedico mi tiempo libre a preparar pruebas físicas de alto rendimiento como auto superación, hobby que comparto con mi hermano Rubén y disfruto con mi familia y amigos. ¡Cada meta lograda es el inicio de una nueva!

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