Cuando tus demonios hablen: ¡Grita tú más alto!

Cuando tus demonios hablen: ¡Grita tú más alto!

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«Cuando estamos motivados por algo,

tenemos que pensar mucho en no culparnos

si no lo conseguimos,

muchas veces el tiempo mental que

predice la ilusión de alcanzar lo que nos

proponemos, hace que queramos las cosas

antes de lo que realmente tardan, y ahí

automáticamente asumimos la culpa de ello.

Esto es un término sentenciante, una culpa es lo

que a un juicio un veredicto: “Esto ha fracasado”

y ya está, ahí se queda: al archivo de frustraciones.

A esto habría que aplicarle una herramienta y es la de crear un

objetivo nuevo, pero, no podemos olvidar que las

oportunidades si nos las damos nosotros no tienen

porque ser finitas, y entonces hablaremos de

“responsabilidad” y ahí simplemente cogeremos

la supuesta sentencia como una información de

diagnóstico e incluso pensar: “de esta X manera

no ha funcionado, intentaré otra”, y retrazar el

mapa para llegar a destino. En todo viaje

llevamos una mochila, la vida es uno de ellos,

decidamos conscientemente con qué deseamos

cargarla»

 
 

 
 

El origen de la culpa y las costumbres:

 

Hablamos de las costumbres no como un hábito adquirido sino como una herencia socio-educacional. Desde pequeños nos enseñan por ejemploj: A lavarnos las manos antes de comer (porque sino estaremos sucios), a saludar al vecino al verle (porque sino seremos maleducados), a llamar a los abuelos a menudo (porque sino somos desagradecidos) y gran parte de esas normas «impuestas» desde la más temprana educación, se convierten en acto reflejos que reproducimos cada vez que la situación «X» lo amerita, sin valorar si realmente se trata de algo con lo que estamos de acuerdo o nos apetece hacer así.

 

Estas situaciones si bien solo parecen rasgos de una “buena educación”, van un poco más allá cuando entran en el núcleo familiar, normas que un integrante superior decide establecer/imponer. Y ¿qué sucede con este tipo de normas? Que la infracción de las mismas nos ponen en falta, y ese sentimiento de falta nos remite directamente a la culpa, entonces acabamos cargando con el peso de lo que “deberíamos” estar haciendo y no hacemos, por encima de lo que “queremos” hacer. Hemos de amigarnos con la palabra y comprenderla tanto desde el lugar de quien nos la inspira, como desde el nuestro para no adoptarla como modo de vida y respuesta inmediata respecto a lo que no hemos podido o querido hacer.

 
 

La culpa

 

La culpa nació con nuestros antepasados como forma de organización, era necesario para mantener el orden de una tribu y optimizar su rendimiento para que sus integrantes supieran que cuando no respondían a las reglas o pasos rutinarios a seguir, eso les suponía una falta/castigo y de esta manera no volverían a repetirlo, recuperando la armonía habitual.

 

Desde ahora aceptaremos la idea de culpa como el concepto de “Norma educacional impuesta”, y no desde el concepto de falta grave hacia quien nos la inspire -incluso nosotros mismos-. Esto sucede porque hoy en día esa presión tribal también existe, interactuamos con personas que esperan que hagamos cosas, y sin discernir si queremos o no, adoptamos ese mensaje como una asignatura a cumplir. Desde ahora, cuando ese sentimiento nos aqueje, vamos a desentrañarlo, pero, para limpiar ese “cuenco de la culpa” que llevamos dentro, es necesario razonar acerca de lo que HOY y AHORA nos hace sentir en falta, y cambiarle el nombre por “cuenco del aprendizaje”, para que ese sentimiento negativo cada vez que aparezca nos enseñe algo constructivo y nos liberemos de su peso.

 
 

La motivación

 

La motivación no siempre es una inspiración divina, nuestro músculo más fuerte y de infinita expansión es nuestra mente, sé más listo que tu cerebro, ¡Edúcate! Desaprende y vuelve a aprender, prográmate para llegar al máximo de tu potencial agotando tus recursos, donde tus demonios te susurren al oído grítales mas fuerte con tu voluntad, aclara tus metas y defínelas, solo así con la mira bien fijada en tu objetivo podrás hacer un disparo limpio y certero.

 
 
 

¿Cómo se hace?

*Necesitas papel y lápiz

 
 

PASO 1: En una primera lista vas a enumerar en oraciones todas las cosas que sientes que tienes que hacer, enunciadas desde el: “Tengo que…”, “Debería…”, “Debo…”. Por ejemplo:

 

– Tengo que competir y ganar

– Debería madrugar más

– Tengo que hacer dieta

 

*Si bien algunos se asemejan a cosas que te puedan estar sucediendo, hemos sido un poco generalistas para que entiendas de que va el ejercicio, y puedes enumerar desde sentimientos profundos, hasta tonterías como: debo hacerme mascarillas una vez a la semana. Y si quieres, puedes detenerte un momento a pensar en la consecuencia de ello, ejemplo: “Tengo que madrugar más” (porque sino seré un irresponsable).

 
 

PASO 2: En la siguiente lista, vamos a cambiar la palabra “tengo”, “debo” por una pregunta, y es necesario que escribas cada vez la oración, no se pueden usar comillas para reemplazar la palabra repetida ya que son afirmaciones que se asientan a través de la escritura. Por ejemplo:

 

En la lista nº 1:

“Tengo que madrugar más”

 

En la lista nº 2:

¿Si quisiera, podría madrugar más?

 

Una vez re-escrita la lista 1 en la lista 2 de esta manera, vas a releer cada enunciado y te preguntarás si de verdad lo quieres, entonces si la respuesta es no: lo vas a tachar y vas a conservar solo las que han tenido un como respuesta.

 

Este paso es de absoluta sinceridad, nadie te ve ni te juzga, nadie pensará lo que es bueno o malo, y es muy importante que seas honesto ante todo contigo mismo a la hora de decidir.

 
 

PASO 3: Vas a reescribir las oraciones que sí decidiste que quieres hacer, de la siguiente manera, por ejemplo:

 

Lista nº1:

“Tengo que madrugar más”

 

Lista nº2:

¿Si quisiera, podría madrugar más? (y resulta que al leerlo sentiste que sí)

 

Lista nº3:

Quiero y puedo madrugar más.

 

Y así re-escribirás todas las afirmaciones con las que estás de acuerdo y las leerás en voz alta, sintiendo el entusiasmo de hacer lo que realmente quieres.

 

Es importante tener esta lista a mano, como si te la pegas en la nevera y la ves cada día, y al repasarla te enorgulleces de tus elecciones e incluso apuntas nuevas, y si deseas compartirlas conmigo o públicamente para fortalecer tu compromiso: ¡¡Adelante y bienvenido!!

 
 

«Que el orgullo no sea un motivo de rabia en tu vida, sino una herramienta que hable bien de ti mismo, de tus códigos y coraje para escalar esa montaña de capacidades que eres tú mismo»

 
 

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SOBRE EL AUTOR

Romina Ramil

Romina RamilMi nombre es Romina, tengo 31 años y soy Argentina. Llevo residiendo desde el año 2007 en Barcelona. Actualmente dedicada al asesoramiento nutricional, al coaching y a la PNL. Me decido a esto por mi constante afán de superación y ayuda al prójimo. Lo importante es dar esos primeros pasos con fuerza y optimismo. Decidida a llegar muy lejos.

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1 Comment

  1. Ivan
    Ivan10-14-2015

    Me encanta el artículo, gracias por diseccionar las causas importantes de la «desmotivacíon» y el porque o para que suceden; la culpa,frustración,expectativas…y quizá muchas personas no saben cual es la causa de la no consecución de sus objetivos, al informarse de como funciona la mente o almenos conocernos más a nosotros mismos podemos utilizar herramientas como
    las que proporcionas para seguir estando motivados intrínsecamente y poder así incidir en lo que sí depende de nosotros mismos que son al fin y al cabo nuestros actos! Así que gracias por insipirar tanta positividad y confianza en uno mísmo y que mejor acompañamiento que gladiator y su enseñanza! Así que sin más a por ello!? NO PAIN NO GAIN