¿Quieres saber por qué tu amig@ es un cascarrabias?

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Todos, y cuando digo todos es todos, hemos experimentado el mal humor de alguien cercano a nosotros, incluso los más atentos se habrán dado por aludidos y sabrán que los demás también han sido víctimas del nuestro.

 
 

Pero… ¿Qué es exactamente el mal humor?

 

Coloquialmente se describe como mal carácter o mal genio, y puede aparecer por cualquier circunstancia, pudiendo ser de carácter temporal o llegar a formar parte de la forma de ser de las personas, caracterizando a las mismas.

 

El mal humor supone una  negación de la realidad y puede desencadenarse por expectativas no cumplidas, inconformismo o falta de autocontrol.

 
 

Desde un punto de vista clínico

 

Se trata de un malestar producido por una alteración química del cerebro, que de prolongarse en el tiempo, puede llegar a cronificarse y a convertirse en un padecimiento muy complejo que dificulta el disfrute de cualquier situación, y afectar tanto a la salud como a las relaciones interpersonales.

 

Sus principales caracteristicas son:

 

– La anhedonia, es decir, la incapacidad para obtener placer

 

– La disforia, trastorno del estado de ánimo consistente en insatisfacción, ansiedad, inquietud e irritabilidad.

 
 

¿Por qué está causado?

 

Como hemos dicho, es una alteración de la química cerebral, niveles bajos de dopamina y endorfinas (sustancias de las que depende el placer) y también está relacionado con un déficit y desequilibrio hormonal, por tanto, tiene consecuencias psicológicas, neuroquímicas, endocrinas e inmunológicas.

 
 
 

Pero sin duda, lo más “peligroso” es su alta capacidad de contagio.

 

Por lo general, todas las emociones pueden contagiarse, pero el mal humor es muy expresivo (ceño fruncido, palabras malsonantes, aspavientos…etc) lo que potencia la imitación inconsciente de gestos, que sería el primer paso hacia el contagio, y que tiene como fase final la sincronización de las emociones y las conductas.

 

Este contagio genera un ambiente negativo que asusta a las personas de alrededor, es por eso, que las personas con mal carácter tienden a ser vistas negativamente por los demás, interfiriendo en sus relaciones sociales, lo que agrava aún más su mal genio.

 
 

¿Qué podemos hacer para evitar el contagio?

 

Cuando tratamos con alguién que nos hace sentir mal por sus formas,  tendemos a “devolverle el trato” fomentando y perpetuando el mal ambiente y contagiándonos inmediatamente de ese estado de ánimo.

 

Para evitar caer en este error, en estos casos debemos actuar de manera contraria a la que se espera, haciendo un esfuerzo consciente para separarnos psicológicamente del mensaje negativo que estamos recibiendo. Una frase que se desvie del objeto del malhumorado, positiva o neutral,  o un cambio de tema hacia algo que nos anime nos ayudará a frenar esa ola de negatividad. De esta forma mientras el malhumorado se queja y lamenta, nosotros fijaremos la atención sobre algún asunto que suscite nuestro interés y nos ponga de buen humor, ya sea comentar el buen tiempo, alabar a los de nuestro alrededor, o contar alguna anécdota personal.

 
“Y si no conseguimos evitar esas sensaciones negativas, siempre tendremos la opción de alejarnos de esa “gente tóxica” y disfrutar de nuestras sanas y positivas emociones, que aunque en menor medida, también podemos contagiar”
 
 

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SOBRE EL AUTOR

Mª Ángeles Infante

Mª Ángeles InfanteHola, mi nombre es Mari y soy licenciada en psicología. Actualmente, compagino esta disciplina con la nutrición deportiva y el fitness, de las que soy una gran apasionada. Desde la comunidad de PMF, intentaré acercaros al mundo de la psicología, cada vez más vinculada a éste ámbito, tratando de integrar estas tres disciplinas, para que podamos aprender y comprender, como se comporta, tanto nuestro cuerpo como nuestra mente, en relación a la práctica deportiva.

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